No es lo mismo mirar que observar, el que mira, dirige la vista; el que observa, la detiene
Hoy quiero compartirte algo que me pasó. En estos días hemos insistido en que la observación o la indagación es una forma poderosa de iniciar el camino hacia la paz interior. Ojalá este ejemplo te ayude a entender cómo funciona y cómo se hace. Se aplica a todo lo que pensamos, hasta que se vuelve automático en nuestro sistema de pensamiento.
A veces no reaccionamos con observación de inmediato, pero la tranquilidad está en saber que nada se va sin enseñarnos lo que vino a enseñarnos. Si una lección tiene que darse, se dará. Este ejemplo muestra cómo lo cotidiano se convierte en una gran puerta hacia la verdad.
La historia que parecía simple… y no lo era
Una amiga me invitó a un evento. Cuando regresaba a casa, dos personas que asistieron al evento me acompañaron. Me hicieron preguntas sobre los mismos temas que compartimos aquí: mente, sanación, observación, paz. Yo no sabía nada de ellas, excepto que trabajaban en una empresa importante. La conversación fue hermosa, ligera, respetuosa y llena de interés.
Para mí fue un momento genuino: atendí como siempre atiendo, viendo a la persona que tengo enfrente, sin etiquetas ni juicios. Comparto, ayudo, escucho y doy lo mejor de mí.
Parecía una historia cualquiera… hasta que llegué a casa.
El juicio automático: la primera trampa del ego
Cuando llegué, mi amiga —la misma que me había invitado al evento— me preguntó cómo estuvo el regreso. Le conté todo normal. Y entonces me dice: “¿Sabías que una de esas dos personas tiene un puesto muy importante en la empresa?”
En ese instante el ego saltó como resorte: “Te perdiste una oportunidad valiosísima solo porque no preguntaste a qué se dedicaba”. Pensamientos como: “Hubieras enfocado la conversación distinto”, “qué lástima, no aprovechaste”, “qué mala suerte”…
Pero esa no era la verdad.
Era solo la primera narrativa del ego, diseñada para generar culpa, juicio y lamentación.
Para él, entre más nos desvaloricemos, más fuerte se vuelve.
La observación: la llave que cambia todo
Pasó aproximadamente una hora. Mi mente se calmó. Y de pronto la observación se activó. Esa es la maravilla: no importa si no fue inmediato, lo importante es que viene cuando la permitimos.
La pregunta cambió por completo.
En lugar de: “¿Por qué no pregunté quién era ella?”
La observación dijo: “¿Para qué necesito saber quién es ella? ¿Qué estoy buscando realmente?”.
Y la respuesta fue reveladora:
Yo sí sabía quién era ella.
Era un ser de luz, exactamente igual a mí, independientemente de su profesión o cargo laboral.
El error no fue no preguntar, el error fue pensar que su valor dependía de su título.
La observación me mostró que lo único que hice fue plantear mal la pregunta. Ella siempre fue lo que realmente es: amor.
Mirar dirige la vista; observar la detiene… y la transforma
Tal vez este ejemplo parezca pequeño, pero así funciona el ego: si en lo pequeño crea turbulencia, ¿cuánto más no hará en lo grande? ¿Cuánto hay detrás de lo que vemos y no vemos?
Si corregimos lo que necesita corrección —aunque parezca mínimo— estaremos cada día más cerca de una vida llena de amor, paz, abundancia y libertad.
No uses al peor saboteador de la sanación: el tiempo.
Corrige cuando toca corregir. Observa cuando toca observar.
Siempre hay un camino hacia la paz… pero solo lo ve quien se detiene a mirar con el corazón.
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