RubénOctavio

Del caos a la PAZ: la historia de Rubén Octavio

Aquí te comparto mi historia en 4 fases.
+ 12 preguntas reveladoras, que hoy pueden ser la luz que buscas.

Mi historia: lo que un día dolió, hoy es medicina.

Mi historia: mis heridas se convirtieron en el material con el que construí el puente hacia la paz interior. Cada cicatriz me mostró que no eran condenas, sino maestras listas para enseñarme a liberarme de las prisiones del ego.

Hoy mis heridas las abrazo con amor y agradezco al Cielo por el despertar que ellas trajeron a mi vida.”

RubénOctavio

Con amor te comparto mi historia en 4 fases, que transformaron mi dolor en despertar.

Retrato de Rubén Octavio, psicoterapeuta; su historia de transformación y paz interior.

Preguntas para el autoconocimiento que me llevaron a despertar y que hoy pueden guiarte a ti también.

Descubre 10 preguntas de autoconocimiento y sanación interior que pueden ayudarte a liberar culpas, miedos y patrones inconscientes. A través de ellas, mirarás hacia adentro y recordarás quién eres realmente.

Únete a Siempre Consciente, tu comunidad exclusiva y gratuita

Donde compartiremos talleres, masterclass, retos, mini-cursos, reflexiones y mucho más, para así desmantelar las prisiones del ego y regresar al Amor.

 

Serás de los primeros en enterarte de nuestros programas.

 

Tendremos conversatorios 3 veces a la semana, queremos saber qué piensas y como te sientes.

 

Vive un espacio consciente creado para liberar tu mente, sanar tus emociones, fortalecer tu poder interior y recordar quién eres.

 

En Siempre Consciente te acompañamos con claridad, práctica y cariño.

 

Da hoy el paso hacia tu paz interior.

Solo dale al botón verde.

¡Te espero a dentro!

💭 Escribe una palabra, una emoción o una pregunta

Infancia: cuando aprendí a sentir antes de entender.

En mi infancia viví como cualquier otro niño, aunque crecí en un entorno donde las emociones pesaban más que las palabras. No tenía el entendimiento suficiente para comprender lo que sucedía a mi alrededor, pero sí la capacidad de sentirlo todo.

Muy pronto aprendí a leer los gestos, los silencios y las miradas de los adultos. Recuerdo especialmente cuando mi madre me lanzaba esa mirada de advertencia, esos ojos que decían sin palabras: “estás en problemas.” Esa simple mirada me llenaba de miedo, porque siempre sabía que lo cumpliría. A veces era por cosas inocentes de niño, pero que para ella tenían otro significado. Con el tiempo, desarrollé una especie de plan de supervivencia emocional: observarlo todo, anticipar, adaptarme, y callar. Pero no siempre me salía bien. A menudo, aun intentando evitar los problemas, terminaba metido en ellos, con regaños o castigos que reforzaban mi miedo a fallar.

Heridas que dejaron huella

Sin darme cuenta, esa dinámica fue dejando huellas profundas. De ahí nacieron mis primeras heridas emocionales: abandono, rechazo, injusticia, traición y humillación. Algunas más marcadas que otras, todas se grabaron dentro de mí como semillas invisibles, echando raíces que más tarde influirían en mis decisiones, en la forma en que aprendí a amar y en la manera en que me relacionaba con los demás.

 

En ese entonces no lo sabía, pero esas heridas serían el impulso que años después me llevaría a buscar respuestas. Detrás del dolor había una dirección oculta: un llamado hacia la comprensión, hacia la sanación y, finalmente, hacia la transformación.

¿Quieres ser tu propio psicoterapeuta?

Ser tu propio psicoterapeuta significa dejar de pensar que la sanación es un privilegio de pocos. La psicoterapia es para todos: es de libre acceso, no requiere títulos ni credenciales, solo un compromiso real contigo mismo.

Ser tu propio psicoterapeuta es atreverte a mirar tu mente de frente y descubrir que el problema nunca estuvo afuera y que la solución tampoco. Es identificar cada pensamiento que te roba paz, cuestionarlo y darle un nuevo significado. Así de simple y así de profundo.

No se trata de repetir frases positivas ni de esconder el dolor bajo la alfombra. Es confrontar al ego —con sus juicios, culpas y miedos— y reconocer que su voz no es la tuya. Es elegir conscientemente otro camino: el del perdón, el de la verdad, el de la paz, el de la congruencia.

La psicoterapia interior es capaz de revelar tu confianza, tu fuerza, tu luz y tu poder interno; es capaz de recordarte quién eres realmente. Para esto solo se necesita valentía… y elegirte.

Si esta reflexión te movió, no lo dejes hasta aquí.

Sigue explorando las demás preguntas o únete a Siempre Consciente; cada paso que das hacia dentro te acerca más a la paz.

¡Sin ti no estamos completos, te esperamos!

Los años del caos: entre rupturas y tormentas

En mi historia, las primeras heridas nacieron en la infancia, pero fue en la juventud cuando se hicieron más visibles. A los veinte años salí a enfrentar el mundo cargando con todo aquello que había absorbido en silencio desde niño: inseguridades, miedos, culpas y la sensación constante de no ser suficiente.

Relaciones que se convirtieron en espejos

Lo que no pude comprender en mi niñez lo repetí una y otra vez durante mi adultez, casi hasta los cuarenta años. Fueron dos décadas de tormenta constante. Relaciones que parecían prometer amor terminaban en rupturas dolorosas, dejando tras de sí abandono, desconfianza y reproches. Cada separación era un espejo que me devolvía las mismas heridas: rechazo, abandono y humillación.

El precio del descontrol económico

La economía también se convirtió en un campo de batalla. Por más que trabajara, el dinero se me escapaba como agua entre las manos. Hubo momentos de aparente prosperidad que terminaron en pérdidas abruptas: autos, casas, proyectos que se desmoronaban de la noche a la mañana. Lo poco que lograba construir desaparecía, dejándome con deudas, frustración y la amarga sensación de estar siempre empezando de cero.

La voz interna que no callaba en mi historia

Ser padre en medio de ese caos fue uno de los dolores más profundos. No poder estar presente como quería, sentir la distancia con mis hijos y las tensiones familiares que nos alejaban me pesaban más que cualquier pérdida material. Esa herida —la del amor que no podía expresarse como deseaba— sangraba todos los días.

Pero lo más cruel no estaba afuera, sino adentro. Había una voz constante que me juzgaba con dureza: “Eres un fracaso. Eres débil. No mereces nada. Nunca lo lograrás.” Esa voz me acompañaba en noches de insomnio, en discusiones que terminaban en silencio, en momentos en los que la vergüenza me hacía bajar la cabeza. El peso del caos era tan grande que llegué a preguntarme si realmente valía la pena seguir viviendo de esa forma.

¿Vale la pena seguir luchando solo para ver cómo todo se vuelve a desmoronar?


Durante más de veinte años esa fue mi realidad: ilusiones rotas, promesas incumplidas, pérdidas económicas, relaciones truncadas y un cansancio existencial tan profundo que la vida se redujo a sobrevivir. El caos lo envolvía todo.

Sin embargo, incluso en medio de ese desorden, algo dentro de mí no se apagó. Como dice Tony Robbins, “todo final trae un principio.” Hoy sé que esas ruinas fueron el suelo donde comenzó a germinar una nueva vida.

¿Rubén, crees en Dios? ¿Qué papel tuvo en tu proceso de sanación?

¡Por supuesto que sí!

Fue Él quien me sostuvo cuando más oscuro me sentía. Quien respondió, abrió mis ojos y me envolvió con su luz y su amor divino. Es Él quien hoy me guía, día a día, en este camino de ayudar a otros.

 

Eso sí, quiero aclarar algo importante: no creo en ese “dios” castigador que se llena de ira contra lo que más ama de su creación —su Hijo—. No creo en el “dios” del ego, inventado por la humanidad para dominar y dividir. Tampoco en ese “dios” que exige sacrificios o impone miedo.

¿Cómo podría Dios, que es Amor perfecto, ser su propio opuesto?

El verdadero Dios Padre es ternura, armonía, libertad y confianza. Es Unidad. No juzga ni castiga; nos recuerda, una y otra vez, quiénes somos realmente: seres de amor, de paz, de luz. Hijos suyos, creados a Su semejanza.

 

Por eso, en mis publicaciones hablo de Él desde esta mirada. Sé que muchos han sido heridos por religiones o creencias que los alejaron de su verdad interior. Este espacio busca ser lo contrario: un puente para reconectar con Dios y con el Amor.

 

Aprendí en mi proceso que Dios no está lejos ni afuera. Habita en nuestra mente y en nuestro corazón. Su Espíritu Santo nos guía, paso a paso, hacia el recuerdo de la paz.

 

El llamado de Dios es constante: despertar del sueño del ego, esa creencia de que estamos separados de Él o de que fuimos olvidados. La estrategia del ego es la separación; lo opuesto a la Unidad.

 

Dios quiere que recordemos que somos Uno con Él, que nunca nos hemos separado. Decir que podríamos separarnos sería como pretender borrar el ADN de nuestros padres: imposible.

Nadie ha sido olvidado por el Amor. Nadie ha sido olvidado por Dios.

 

El despertar: mi historia de resiliencia

A pesar de tantos años de tormenta, algo dentro de mí nunca se apagó: la chispa de la resiliencia. Era pequeña, casi imperceptible, pero seguía ahí, esperando el momento de avivarse.


Llegó un punto en que la pregunta fue inevitable: “¿Tiene que haber otra forma de vivir? ¿Otra manera de relacionarme con la vida, distinta al sufrimiento y al caos?” Esa simple pregunta abrió la puerta a un camino nuevo, el camino que cambiaría mi historia para siempre.

Cuando las heridas se convirtieron en maestras

A pesar de tantos años de tormenta, algo dentro de mí nunca se apagó: la chispa de la resiliencia. Era pequeña, casi imperceptible, pero seguía ahí, esperando el momento de avivarse.

El perdón: la salida del laberinto

Encontré la clave para escapar y sanar el pensamiento distorsionado del ego: el perdón. No se trataba de perdonar a otros porque lo “merecieran”, sino de perdonarme a mí mismo. La verdadera sanación y la verdadera paz están en ese acto. Cuando uno se perdona, se libera; y en esa liberación también perdona a los demás. El perdón fue mi salida del laberinto y la entrada al puente que crucé con valentía. Ese puente me condujo directamente a la Paz Verdadera.

 

Ese fue el inicio de mi despertar: reconocer que todo dolor se transforma, que toda herida es una maestra y que todo sufrimiento es ignorancia, solo esperando ser reemplazada por conocimiento y verdad.

 

Llegó un punto en que la pregunta fue inevitable: “¿Tiene que haber otra forma de vivir? ¿Otra manera de relacionarme con la vida, distinta al sufrimiento y al caos?” Esa simple pregunta abrió la puerta a un camino nuevo, el camino que cambiaría mi historia para siempre.

Las mismas experiencias de caos me mostraron que la raíz de mi sufrimiento no estaba afuera, sino adentro: en el ego. No el ego entendido solo como arrogancia o soberbia, sino como un sistema de pensamiento que fabrica prisiones mentales a través del juicio, el miedo y la culpa. El ego se disfraza de justicia, de fuerza o de aparente salvador, pero en realidad refuerza las heridas heredadas y sabotea cualquier posibilidad de felicidad verdadera. Todo pensamiento que me lleva contra la paz, contra el amor o contra la plenitud, es ego.


Con el tiempo entendí que lo que había llamado “heridas” eran en realidad maestras. No estaban ahí para castigarme, sino para mostrarme lo que yo no era y lo que ya no necesitaba seguir sosteniendo. El abandono, el rechazo, la injusticia, la traición y la humillación no eran condenas: eran maestras que me querían liberar y guiar hacia el despertar. En ese contraste pude descubrir quién era realmente. Lo que antes me hundía se transformó en medicina.

Historia de Rubén Octavio: fuerza serena y resiliencia junto a un león blanco

Lo que esta parte de mi historia me enseñó

Hoy sé que ninguna tormenta tiene por qué ser un campo de batalla. Puede ser un espacio de calma donde se resignifican patrones, vacíos, traumas y creencias. La paz reside en nosotros, imperturbable, esperando nuestro reencuentro con ella.

Y si algo me dejó este tramo de mi historia, es esta pregunta para ti:
¿Y si las heridas que tanto te duelen fueran también las maestras que pueden enseñarte el camino de regreso a tu paz?

El propósito de mi historia: psicoeducar para la paz

Hoy, con cincuenta años y más de nueve dedicados a la sanación interior y al estudio de la psicoterapia integral, vivo en congruencia con lo que comparto: paz, amor y perdón. Mi historia ya no es un relato de tragedia, sino un testimonio de resiliencia y transformación.

Psicoeducar para transformar la mente

Mi misión es clara: psicoeducar para la paz. Quiero enseñarte a ser tu propio psicoterapeuta, porque cuando comprendes tus heridas y dejas de verlas como verdugos, reconoces al ego como la verdadera causa del sufrimiento. El ego, por su estructura, reafirma con dolor cada herida. Cuando lo observas sin juicio, comienza el cambio.

Practicar el perdón, la observación y la aceptación no solo transforma tu vida, sino que también te permite acompañar a otros en la suya. Así, la sanación se multiplica y la luz se expande.

Enseñar desde la experiencia y no desde la distancia

No hablo desde la distancia ni desde los libros, sino desde la experiencia. Creo que todos debemos tener acceso al conocimiento para nuestra propia sanación interior. Por eso te hablo como un igual, como alguien que también cayó y se levantó. Porque la sanación no está en los grandes discursos, sino en lo cotidiano, en lo simple, en lo que ya está frente a ti.

 

Mi pasión es acompañarte a recordar quién eres realmente, para que restaures tu paz interior. Quiero que descubras que todas las respuestas, todas las herramientas y toda la fuerza que necesitas para trascender ya están dentro de ti. Ese poder sanador solo espera ser recordado.

Recuerda siempre: donde está el problema, está la solución.

 

El problema está en la mente, y ahí mismo se encuentra la respuesta. Al identificar la única causa del sufrimiento —el ego—, regresamos a la verdad de lo que somos.

El propósito de mi historia: acompañar hacia la paz

La promesa es simple y poderosa: quien se deja acompañar en este proceso encuentra el puente hacia la Paz Verdadera, esa que sobrepasa todo entendimiento. La Paz que no depende de las circunstancias externas, sino de la reconexión con lo que somos en esencia. Y si has llegado hasta aquí, también eres parte de esta historia: la historia de volver al Amor.

Rubén Octavio impartiendo una charla de psicoeducación sobre paz interior

Elige cómo continuar tu camino hacia la paz interior

Si algo de lo que leíste resonó contigo, te invitamos a quedarte con nosotros para seguir transitando el hermoso camino del despertar y la sanación interior.

 

📚 Psicoeducación

Aprende a ser tu propio psicoterapeuta. Explora ego, perdón, amor y paz con guías claras y prácticas que, juntas, trazan un camino real de transformación.

🔥 Programas

¿Listo para el siguiente nivel? Talleres, mentorías y retos guiados para dar pasos concretos, soltar prisiones del ego y vivir con más paz y plenitud.

🌍 Comunidad

Camina acompañado. Únete gratis a una red que habla tu mismo idioma de sanación y conciencia. Acompañamiento, recordatorios y cariño.