Culpa
¿Cuáles son las tres características o dinámicas que usa el ego para mantenernos atrapados en su sistema de pensamiento?
Ayer hablamos del juicio —si no lo has leído, te invito a hacerlo— y hoy corresponde hablar de la culpa.
Del juicio nace la culpa. El nivel de culpabilidad que sentimos o asignamos está determinado por nuestro sistema de creencias. No todos somos igual de rígidos o flexibles ante una situación, por eso surgen bandos: unos a favor y otros en contra.
Es vital revisar nuestras creencias porque, según la lealtad que tengamos hacia ellas, podemos estar eligiendo el camino del amor y la paz… o el camino del sufrimiento. Al ego le encanta mantenernos bañados en la salsa de culpa; sabe que ya sea haciéndote sentir culpable o impulsándote a culpar a otros, te tiene justo donde quiere. La culpa te secuestra del presente y te obliga a vivir mirando el pasado.
La culpa surge como una percepción errónea basada en la creencia de la separación de Dios y la identificación con el ego. La mente se siente desconectada y percibe errores o “pecados” como si fueran reales. Pero esta culpa es solo una ilusión, producto de creer en la separación.
La culpa no es una respuesta adecuada a los errores: es un error de percepción que atrapa a la mente en un ciclo de autocondena y sufrimiento. La liberación llega a través del perdón, que suelta la creencia en el pecado y reconoce la verdad espiritual: la unidad y el amor.
La culpa ha sido transmitida durante siglos en todas sus versiones. El ego la promueve como algo correcto, como si quien se equivoca mereciera castigo. Pero cuando actúas desde la compasión, ya no ves culpa alguna, porque comprendes que todos estamos en el mismo camino, haciendo lo mejor que podemos con la información que tenemos.
Cuando alguien se equivoca, hay millones de razones detrás de ese error. Si miramos más profundo, nos damos cuenta de que no somos diferentes y que lo mejor que podemos hacer es perdonar para ayudar.
La culpa: el ancla del ego al pasado
La culpa es la herramienta favorita del ego para impedirte avanzar.
Mientras la culpa te mantenga mirando hacia atrás, nunca podrás experimentar la paz del presente.
La culpa no corrige: congela.
No sana: castiga.
No libera: encadena.
Y por eso el ego la ama tanto.
La culpa es una percepción, no una verdad
La culpa nace de la creencia en la separación.
Crees que te alejaste de Dios, que fallaste, que no eres suficiente.
Pero nada de eso es real.
La culpa no describe la realidad: describe tu percepción equivocada.
Y como toda percepción, puede corregirse desde el amor.
La compasión disuelve la culpa
La compasión te recuerda que todos somos aprendices.
Que todos estamos creciendo.
Que nadie merece castigo, porque nadie está separado del amor.
Perdonar no solo te libera a ti; libera al otro, libera la historia y libera al mundo.
La culpa nunca fue tu camino: el amor sí.
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