Ningún problema puede ser resuelto en el mismo nivel de conciencia en el que se creó
¿De verdad existen niveles de conciencia?
Mucho se habla de niveles de conciencia. Algunos creen que son varios; otros dicen que se acceden de forma lineal, espiral o progresiva. Otros ni hablan del tema porque aún no es su tiempo. Pero pensar que existen niveles de conciencia también puede ser un invento del ego para dividirnos y separarnos.
He compartido con personas que se han sentido miserables porque, según lo que leyeron o escucharon, estaban “en el nivel menos cero”. Una mujer, por ejemplo, fue expuesta por alguien que presumía tener niveles más altos que ella, haciéndola sentir que no había sanado nada. Más que un nivel, parecía una exhibición de superioridad espiritual.
Para mí, solo existe un nivel de conciencia: planta baja, todos juntos. Todos aprendiendo de todos, siendo alumnos y maestros a la vez. Nadie arriba de nadie. Nadie es superior a otro por el conocimiento que adquirió. Si no hay igualdad, no hay sanidad. Si alguien cree que uno de sus cabellos está más arriba que el de los demás, tiene mucho trabajo por hacer.
El puente entre el miedo y el amor
Aun así, quiero usar el ejemplo de los “niveles” para explicar algo que sí ocurre. Imaginemos que hay diez niveles: el nivel cero es el estado hipnotizado por el ego, el “infierno” mental; el nivel diez es el “cielo”, el amor en su inocencia, el único estado real. Entre más bajo el nivel, menos conscientes somos de lo que ocurre; todo lo vemos como ataque, culpa o defensa. En el nivel diez, todo está perdonado, no hay drama, ni temporalidad.
Entre el nivel cero y el diez solo hay un puente. Basta cruzarlo. ¿Cómo se cruza? Con perdón. Pero por ese puente no se puede llevar nada del otro lado: ni juicios, ni culpas, ni miedos, ni sufrimientos, ni pasado. Sanar parece doloroso porque debemos soltar todo lo que representa el nivel cero. El dolor no es castigo; es la corrección deshaciendo lo que ya no sirve.
En ese transitar por el puente —a veces llamado camino— ocurren todos los procesos de sanación. No es una escalera. Es normal que a veces queramos devolvemos porque alguna parte del puente toca zonas dolorosas que nunca quisimos sanar. Como me dijo un amigo: “Doy tres pasos y me devuelvo dos”. Transformar pensamientos grabados por 30, 40 años o más no pasa en una noche. Requiere compromiso y paciencia con uno mismo.
La señal de que estás avanzando
¿Cómo saber si estás en el puente, en el proceso? La respuesta es sencilla… tan sencilla que el ego la descartó hace años: **la señal es la paz**. Una paz que no habías sentido antes. Un llamado interno que también todos escuchan, porque ese llamado no excluye a nadie.
Ese llamado despierta al ser, revelándole que lo que ha vivido no puede ser la única manera de existir. Entonces decidimos emprender el camino de la sanación, de descubrir Quién Soy. Para efectos prácticos, lo planteamos como diez niveles, aunque todo sea un mismo proceso. Entre más avanzamos, más cambia nuestro entendimiento.
Ayudar sí, convencer no
¿Por qué algunos retroceden dos pasos? Por intentar convencer a los del “nivel cero” de que subir es mejor. ¿Y no debemos ayudar a otros? Sí. Pero no así. A nadie se le convence. Cada quien elige lo que quiere vivir y en qué quiere creer, y eso se respeta.
Si alguien observa que en el siguiente nivel todo es amor y desea avanzar, lo hará porque él eligió sanar, no porque fue obligado. Convencer es del ego. Muchos han terminado enemistados por intentar convencer. Y enemigo no es sinónimo de paz. La paz se enseña con ejemplo, tolerancia, paciencia y amor.
La verdadera ayuda
Si estamos en el nivel cinco, podemos ayudar a quienes están en niveles inferiores, pero desde la sabiduría. A veces ayudar es escuchar; a veces solo acompañar. Un ser sano sabe que los reclamos o gritos del otro son las voces del ego resistiéndose a perder el trono que un día le dimos.
Las experiencias y decisiones de vida se encargan de abrir los ojos con amor. Debemos tener fe y confianza en el proceso. No solo es perfecto, es infalible. Confiar en que todos pueden lograr la paz es confiar también en nosotros mismos. El mayor bien que podemos hacer por cualquiera es ayudarlo, compartir y amarlo incondicionalmente.
Recordemos siempre que no avanzamos por niveles, avanzamos por amor. Y el puente siempre nos espera, sin prisa, sin juicio, con la certeza de que todos podemos cruzarlo.
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