Cuando la ignorancia habla, la sabiduría escucha
¿Quién no ha estado en una discusión o conversación en la que la otra persona, cegada por su ego, dice cosas sin sentido, dejando en evidencia mucho que desear sobre su inteligencia emocional y su nivel de sanación? Comunicarse con alguien así es muy difícil: al creer que tiene la razón, cierra todo canal de comunicación. Claramente, el ego anda buscando reacción.
El ego siempre busca culpables
Cuando el ego ve una oportunidad para fomentar la culpabilidad, no la desaprovecha. Sin embargo, debemos recordar que el ego no tiene el control: lo tenemos nosotros. Por eso, si alguien está frente a ti con intenciones de confrontación y en ti está hacerlo desde la sabiduría, solo escucha lo que tenga que decir y nada más. Después, con la mente fría, podrás analizar sus reclamos y decidir lo que sea mejor para ambos.
Eso incluso puede significar no hacer nada por la otra persona. No hacer nada también es un acto de amor, pues estás eligiendo la paz. En términos de inteligencia emocional, podríamos decir que aquí es válido ser “egoístas”. ¿Egoísta? Sí, te explico: después del conflicto, puedo meditar sobre lo ocurrido y decidir qué es lo mejor para mí. Si lo mejor es apartarme o guardar silencio, entonces eso es lo que debo hacer.
Cuando la conciencia del otro es baja
¿En qué casos puedo aplicar esto? Por ejemplo, si la afectación hacia mí es alta o incluso peligrosa. En ese caso, no dudes un segundo de tu integridad. Si ves que la otra persona tiene un nivel de conciencia bajo y por más que quieras explicarle las cosas no vas a lograr nada, no insistas. Es mejor darle espacio y distancia para que, como un animal herido, sane sus propias heridas.
Los criterios y argumentos de cada quien se respetan, aunque estén equivocados. Tal vez en ese momento no seas tú quien deba sacarlo de su error. Para eso, cada uno tiene un guía interno que lo lleva a sus propios espacios de sanación. A veces, lo que la otra persona necesita no es que le alimentemos la culpa, el enojo o la tristeza, sino amor, compasión y tiempo para reaccionar y entender su equivocación. Incluso si nuestro sermón es bueno y fundamentado, si esa persona no quiere o no está lista para recibirlo, tiene derecho a no aceptarlo.
Cuando aprendemos a callar, aprendemos a amar
“Cuando la ignorancia habla, la sabiduría escucha”. Esta frase, en lo personal, me evitó muchas contiendas en el pasado y me permitió cosechar paz en el futuro. Me enseñó que todas las veces que elegí callar porque así lo preferí, obtuve más beneficios que pérdidas. Y aunque de cualquier forma nunca perdemos, callar me enseñó a amarme, a elegir la paz, a ser libre, a conocerme mejor.
También aprendí que todos estamos en nuestro propio proceso y que cada quien hace lo mejor que puede con la información que tiene. Comprendí que existen otros caminos para resolver las cosas, caminos que antes desconocía o incluso rechacé. Pero cuando dejé de ponerle atención al ego y se la puse al amor, todo cambió para siempre.
No pierdas la fe
Algún día la ignorancia dejará de hablar, porque solo le falta saber. Por ahora, hagamos nosotros lo que nos corresponde.
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