Si nos vamos a dedicar a algo, que sea a liberar a los demás
¿Cuántos juicios haces al día y cuantas condenas ejecutas?, tal vez a tu ser le suene un poco fuerte la pregunta, incluso tal vez digas: “yo no hago eso”, pero por muy fuerte que suene, los seres humanos constantemente juzgamos, más de lo que nos damos cuenta, de hecho, lo juzgamos todo; el deporte, el clima, el gobierno, la comida, la forma de vestir, el estado de ánimo o comportamiento de otra persona, la manera como se ríe o su tono de voz… ¡Todo! No hay nada que quede por fuera del ámbito de los juicios.
El ego juzga, pero no libera
Pero ahora bien, ¿a cuántos hemos liberado de su condena? La respuesta, en la mayoría de las personas, es: a ninguno. El ego sabe condenar y culpar, pero jamás liberar. Para él, toda culpa es algo demasiado valioso. El ego considera que la mente tiene suficiente espacio para meter a todos los habitantes del mundo; entre más, mejor.
Por eso, si crees que perdonaste a alguien, asegúrate de no hacerlo con el ego, porque puede ser que ese perdón nunca haya sucedido. Hay gente que dice: “Antes lloraba por esto, ahora no”. En una gran cantidad
Los juicios en la mente también encarcelan
Para una corte, emitir un juicio es algo que tiene un grado muy alto de responsabilidad. Dictar una condena es algo muy serio. Estamos claros en que quitarle la libertad a una persona no es algo con lo que se deba jugar. ¿Y por qué no nos tomamos la misma seriedad cuando hacemos juicios en la mente? ¿Cuál es la diferencia entre hacer un juicio en una corte o en la mente? Tal vez será que, como no hay una ley que tenga la capacidad de condenarnos por hacer juicios internos, entonces no nos preocupamos de nada. “Es gratis y no hago daño”, según yo. ¿Y el daño que me hago a mí?
Nos vemos con tanta libertad para condenar a quien yo quiera; con el debido respeto que nos merecemos —porque me incluyo— nada más tonto que tomar el camino de la sanación de la mano del ego. De esto no sacamos nada bueno; solo vamos a obtener años de dolor, tristeza, amargura, soledad y culpabilidad. Años perdiéndonos momentos hermosos de felicidad, de compartir. Y no podemos dejar de mencionar los años de trabajo que tendremos que hacer para sanar y liberar a todos los prisioneros que tengo en mis cárceles mentales.
Sanar es liberar prisioneros
La gente dice “me siento que ya no doy más, me siento cansado, me rindo” y es porque su mente está muy saturada de porquería que hay que sacar, por porquería me refiero a cosas esperando una resolución o un poco de atención, me refiero al montón de culpables que hay en la mente esperando libertad, andamos cargando cosas que hace años pasaron y el ego no quiere que te deshagas de ellas, cosas que son una absoluta tontería, caprichos del ego, preferimos tener la razón que ser felices ¿Quién nos entiende?
El trabajo interior es individual
Te invito a hacer el esfuerzo de sanar, de perdonar todo lo que tú creas que no pertenece a tu mente, pues eso no es más que un obstáculo para tu felicidad. Todo lo que ves hoy fuera de ti, primero sucedió en tu mente, porque todo viene del pensamiento.
Imagínate, ¿qué pasaría si, en lugar de hacer todo lo dicho anteriormente, nos dedicáramos al amor, a la paz y a la libertad? ¿No crees que seríamos muy felices y que el juicio no tendría ningún significado ni función?
Solo por aquello de que seas de los que dice que los demás no ayudan: el trabajo de corrección de la mente solo me involucra a mí, a nadie más. Así que hazlo por ti, por nadie más.
Si vas a dedicarte a algo, que sea a liberar a los demás… y a ti mismo.
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