Las dos personificaciones del ego, víctima y victimario
El ego tiene dos personificaciones: víctima o victimario. Antes de hablar de la dinámica de personificación del ego, quiero hacerte la misma pregunta que le hago a mis pacientes: ¿qué es el ego según tu conocimiento? Si respondiste orgullo, soberbia, egocentrismo, enojo, furia y otras similares, has contestado como la mayoría, describiendo más que todo al ego victimario. Pero casi nadie relaciona que la depresión, la tristeza, el sufrimiento, el aislamiento, entre otras, también pertenecen al ego; este es el ego víctima. La victimización es del ego; cada vez que yo me presente como víctima de alguna situación, el ego es quien está hablando.
Cómo el ego cambia de rol según su conveniencia
Estos dos roles con los que al ego le encanta que nos identifiquemos tienen la versatilidad de que, en una misma conversación, yo puedo ser las dos cosas a la vez. Por ejemplo: en una pareja que discute porque la ropa sucia está tirada en el suelo, cada quien tiene sus argumentos. Imaginemos la escena: quien encuentra la ropa se enoja y va a buscar al culpable del desorden, dejando claro enérgicamente que no tolerará esa situación. Hace comentarios como: “La próxima vez tiro la ropa a la basura”, “No es justo que yo tenga que lidiar con tanta desconsideración”. Hasta aquí se expresó el victimario, que fue en busca de la víctima.
El ego manipula tomando ambos papeles
En su estrategia de atacar el ego del otro, el victimario sabe que en algún momento tiene que tomar el papel de víctima para no perder su “batalla”. Entonces dice: “A mí nadie me ayuda”, “Nunca tengo tiempo para nada”, entre muchas frases cliché. Lo que quiero que veas es cómo el rol cambia según la conveniencia del ego, no según la realidad. El ego es maestro de la manipulación y el narcisismo.
Lo mismo ocurre en la infancia… y en la adultez también
Esto no es muy diferente de cuando dos niños juegan y uno golpea al otro. Cuando el agresor ve que el otro niño llora, decide llorar también para evadir la responsabilidad. El adulto llega, ve dos niños llorando, no sabe qué pasó y solo da una llamada de atención. El victimario se convierte en víctima y su estrategia funciona. También puede ocurrir que la víctima se enfurezca y golpee al primer agresor, convirtiéndose ahora en victimario. Y así el juego continúa.
El propósito: que te autoobserves
Todo esto es para que te autoobserves e identifiques qué estás comunicando a los demás. Si ves que estás actuando desde alguno de estos dos roles, corrígelo si así lo amerita. Desde el amor no existen víctima y victimario; existen maestro y alumno. Y desde ahí la percepción cambia por completo.
Todo cuanto hagas y decidas que te conduzca a la paz, siempre será lo correcto.
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