Juicio
¿Cuáles son las tres características o dinámicas que usa el ego para mantenernos atrapados en su sistema de pensamiento? Tal vez no lo sepas, pero durante los próximos tres días hablaremos de sus tres ayudantes principales: el juicio, la culpa y el miedo.
Hoy comenzamos con el juicio.
El juicio, desde una visión espiritual y psicológica, es la evaluación crítica y condenatoria que hacemos de nosotros mismos y de los demás. Surge de percepciones erróneas, nacidas del ego, y se basa en la separación, la crítica y el miedo.
En lugar de ver las situaciones desde el amor y la comprensión, el juicio distorsiona la realidad. Se convierte en una barrera que impide experimentar la paz interior y la conexión espiritual.
Por eso, el perdón aparece como una herramienta esencial: nos libera del juicio al permitir que soltemos percepciones negativas y abramos la mente a la compasión y a una visión más profunda, basada en el amor y la unidad.
Lo curioso es que esta habilidad tan debilitante es extremadamente popular. Pareciera que los juicios se multiplican tan rápido como las bacterias. Y es que, por el juicio, comienzan todos los caos que conoces.
El único juicio que deberíamos practicar es el de examinar nuestras creencias y percepciones negativas, para descartar todo aquello que no nos pertenece. Tal vez pienses que trabajar el juicio es imposible, pero no es así: cuando enfocamos la mente en lo que queremos y sanamos creencias, la mente misma se dedica a trascender y a elevar su nivel de conciencia.
El juicio: el primer guardián del ego
El juicio es la forma favorita del ego para reforzar la separación.
Cuando juzgamos, nos alejamos del otro y nos alejamos de nosotros mismos.
Cada juicio es una declaración interna de miedo, una afirmación de que el otro está mal… y que yo también lo estoy.
Por eso el juicio nunca conduce a la paz.
Su función es mantenerte en conflicto.
El único juicio válido
El único juicio que realmente tiene sentido es el que dirigimos hacia nuestras propias creencias equivocadas.
Ese juicio no condena: libera.
Ese juicio no separa: corrige.
Ese juicio no hiere: ilumina.
Cuando te enfocas en sanar tus percepciones, tu mente deja de atacar y comienza a elevarse.
Cuando trasciendes el juicio, asciendes en conciencia
Trabajar el juicio no es imposible.
Cuando eliges enfocarte en lo que deseas sanar, tu mente se vuelve tu aliada.
Dejas de juzgar para condenar, y comienzas a discernir para despertar.
Ahí inicia el verdadero camino hacia la paz.
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